El alzhéimer se puede detectar en personas con síndrome de Down

Claudio Cuello. Disertó recientemente en Córdoba, (Ramiro Pereyra)
Lo más importante
  • Es el grupo más grande que desarrolla la enfermedad de una forma genética.
  • Lo descubrió el investigador argentino Claudio Cuello, quien trabaja en Canadá.

Se sabe que la enfermedad de Alzheimer aparece silenciosamente entre 20 y 25 años antes de manifestar los principales síntomas.

Por lo tanto, uno de los desafíos más ambiciosos de la ciencia es encontrar una forma de predecir la patología para realizar tratamientos que detengan la enfermedad o que demoren su avance.

En ese camino va el investigador argentino Claudio Cuello, junto con el equipo que lidera en la Universidad McGill de Canadá, quienes descubrieron que la enfermedad de Alzheimer se puede detectar en la sangre de personas que tienen síndrome de Down.

En un estudio longitudinal, durante dos años analizaron muestras de sangre de ese grupo de individuos y observaron que la desregulación del factor de crecimiento nervioso, responsable de nutrir y de mantener el funcionamiento de las neuronas que intervienen en las actividades cognitivas, tiene un nivel elevado y predice que al siguiente año tendrán un déficit cognitivo muy marcado.

Antes de esto, junto con otro argentino, Martín Bruno, descubrieron que en el cerebro hay un proceso metabólico que lleva a la liberación, maduración y degradación del factor de crecimiento nervioso. “Cuando ese factor está desregulado, las neuronas sufren, pierden sus conexiones, se atrofian, y con el alzhéimer se mueren”, explica Cuello, quien disertó en el Congreso de la Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias que se realizó en la Universidad Nacional de Córdoba.

También observaron que las moléculas del factor de crecimiento nervioso se degradan y se eliminan más rápido por la inflamación del sistema nervioso central.

El hallazgo en las personas con síndrome de Down “es importante porque estas constituyen la población quizás más grande de gente que desarrolla alzhéimer de una forma genética y ofrece la oportunidad de investigar la patología en individuos que están en la transición de no tener síntomas hacia su presentación clínica”, remarca.

“Esto ha sido posible –agrega– porque actualmente los individuos con síndrome de Down viven mucho más y lamentablemente cuando llegan a los 50 años, o un poco más, comienzan a desarrollar alzhéimer clínico”.

El investigador considera que si se lo pudiera detectar 10 o 15 años antes, “muchas cosas podrían funcionar efectivamente para el alzhéimer”. Al respecto, menciona que en su laboratorio obtuvieron evidencias en experimentos con ratas, a las que les inyectaron pequeñas cantidades de formulaciones con litio y que cuando este llegó al cerebro “lo protegieron cognitivamente y disminuyeron la formación de placas”. “Lo mismo observamos –añade– con otras drogas que, al activar receptores específicos, tienen un efecto protector muy notable”.

Consultado sobre la posibilidad de detectar la enfermedad en su etapa silenciosa, Cuello cuenta que, con investigadores de Barcelona, de California y de Nueva York, estudiarán “el camino metabólico del cerebro respecto de la actividad cognitiva en un grupo de individuos con síndrome de Down para encontrar un método que permita predecir la patología”.

De la primaria en el La Salle a colaborar con Milstein

Augusto Claudio Guillermo Cuello considera que nada en su entorno familiar hacía prever que fuera a ser científico, aunque, de alguna manera, dos de los nombres que lleva de emperadores romanos pueden haber marcado su destino.

Nació en Buenos Aires hace 79 años y, siguiendo las travesías laborales de su padre periodista, vivió unos años en Córdoba, donde hizo la primaria en el colegio La Salle.

Se graduó y empezó sus investigaciones neurocientíficas en la Universidad de Buenos Aires y continuó en la Universidad de Cambridge. Allí, su laboratorio estaba al lado del de César Milstein, quien en 1984 obtuvo el premio Nobel de Medicina. La amistad comenzó cuando Cuello hablaba en castellano con sus ratas para experimentación y les pedía que se portaran bien; Milstein lo escuchó, le preguntó si era argentino y lo invitó a cenar.

La relación derivó en trabajos en colaboración y en el desarrollo conjunto de anticuerpos monoclonales biespecíficos que publicaron en Nature. También, en muchas cenas que terminaban en charlas mientras caminaban a las 2 o 3 de la mañana. “Hemos comprado media vaca juntos y hacíamos asados”, recuerda con mucha gracia.

Cuello también investigó en la Universidad de Oxford hasta que lo reclutaron desde la Universidad McGill, en Canadá, como profesor y director del Departamento de Farmacología, y ahora preside un consorcio de investigación.

De una interminable lista de distinciones, la más reciente data de junio, cuando la Academia Británica de Ciencias Médicas lo incorporó entre sus miembros.

Es autor de más de 400 publicaciones científicas y ha sido referenciado en más de 25 mil trabajos, por lo que el Instituto de Información Científica de Estados Unidos lo ha designado “neurocientífico sumamente citado”.

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El texto original de este artículo fue publicado el 03/12/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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