Un homenaje no se le niega a nadie

En el Concejo Deliberante, un buen homenaje es como un vaso de agua o un saludo: no se le niega a nadie.

Se hacen rápido, todos se ponen de acuerdo, se aprueban sin discusiones y permiten quedar bien con alguna persona o institución. Así se podría ensayar la respuesta de por qué el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba dedica casi la mitad de su tiempo a aprobar homenajes, beneplácitos y declaraciones de interés. Hay concejales que casi no se dedican a otra cosa.

En el recinto, el trámite es sencillo: el autor de la iniciativa pide la palabra y emite un discurso para resaltar los argumentos que justifican el homenaje o beneplácito o interés legislativo.

De forma ocasional, un representante de cada uno de los bloques suma también su discurso. Paso seguido, se vota para lograr la aprobación. Casi siempre es por unanimidad.

Y al final, los presidentes de las bancadas junto al autor del proyecto y al homenajeado se reúnen en el recinto, se entrega una copia del proyecto, puede que alguna plaqueta, y posan para la foto.

En algunas oportunidades, el homenajeado pide la palabra y agradece a los concejales por el beneplácito. Puede llegar a cantar, a recitar, o simplemente dar un gracias.

Esta situación se repitió 190 veces el año pasado en el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba. Iniciativas de este tipo son las más aprobadas por los representantes de los vecinos de la Capital.

Llamativamente, no son los proyectos más presentados. Al contrario, los concejales y el Ejecutivo municipal trabajan más en ordenanzas y resoluciones que en estos asuntos.

Pero, ¿quién se puede negar a homenajear a una iglesia, a un cantante o a un deportista? En el Concejo Deliberante, un buen homenaje es como un vaso de agua o un saludo: no se le niega a nadie.

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El texto original de este artículo fue publicado el 14/09/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.