El poder de la política

El gobierno de Mauricio Macri parece no tomar dimensión de las consecuencias políticas de las medidas que toma. Y cuando finalmente acusa recibo, ya es tarde: tensiona el clima con el sector de la oposición del que justamente necesita para aprobar leyes y sostener la gobernabilidad, y a la vez pierde adhesión en la clase media, que lo llevó al poder. En otras palabras, se hace odiar.

Pasó esta semana, con el aumento extra en las boletas del gas, que era escandaloso por donde se lo mirara: en medio de una contracción extraordinaria del poder de compra, el Estado obligó a todos los usuarios del gas a empezar a pagar desde enero 24 cuotas de entre 90 y 100 pesos cada una para compensar la pérdida de las empresas del sector por la devaluación. Como si la devaluación no afectara también a los usuarios, que además ya habían sufrido una actualización de la tarifa del gas del 34,5%, y del 50% promedio entre los que menos consumen.

El secretario de Energía, Javier Iguacel, relativizó el impacto de la medida al señalar que eran solamente entre 90 y 100 pesos extras en promedio por mes. Algo así como dos porciones de la pizza de Prat Gay.

No es la primera vez que el gobierno de Cambiemos minimiza el impacto de sus decisiones sobre los bolsillos: en febrero de 2017, sin anunciarlo, cambió la reglamentación de la ley de movilidad jubilatoria para reducir aumentos a los jubilados. “No nos pueden corregir un error matemático de 20 pesos”, se quejó el entonces vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, hoy renunciado, después de tener que dar marcha atrás con aquella modificación a hurtadillas.

La obsesión del Gobierno por bajar el déficit fiscal y ordenar las cuentas públicas le impide atender la microeconomía. Descuida a su gallina de los votos de oro, en buena parte porque, por decisión del Presidente, los funcionarios de perfil técnico son quienes manejan el timón del barco en detrimento de los hombres de la política.

Iguacel, exvicepresidente de Pluspetrol, dispuso la suba extra en el gas sin haberla consultado con Macri, que igualmente, y contra todo el mundo, salió a apoyarla: “Aumentó la energía porque es lo que vale”, argumentó el Presidente en un video de Instagram, mientras el descontento por el gas crecía como una bola de nieve.

Al final fue la mesa chica de Cambiemos de la Cámara de Diputados, con Emilio Monzó, el radical Mario Negri y el macrista Nicolás Massot a la cabeza, la que propuso la solución de que el Estado y las empresas compartan el costo. Al fin y al cabo, el 75% de la deuda de las distribuidoras es con YPF. O sea con el Estado.

Ayer fue Rogelio Frigerio quien fue al Congreso a desactivar la bomba.

Son los hombres de la política los que solucionan los problemas que los técnicos son incapaces de ver.

Edición Impresa
El texto original de este artículo fue publicado el 11/10/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
Comentá esta nota