ARA San Juan: "No hay que transformar a los damnificados en víctimas"

Lo advierte Moty Benyakar, doctor en Medicina y Psiquiatría, y presidente honorario de la sección de intervención en desastres de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Dice que a los familiares de los tripulantes hay que ayudarlos para que el sufrimiento no se convierta en odio, y advirtió a los dirigentes de un lado y del otro sobre que utilizar políticamente ese dolor es muy peligroso.

Moty Benyakar es doctor en Medicina, Psiquiatría y Psicología. Además, miembro de honor de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA, por sus siglas en inglés), organización de la que es presidente honorario de la sección de intervención en desastres. También es profesor titular de la Universidad del Salvador, donde dirige el equipo de investigación en psicoanálisis y/o lo disruptivo para el doctorado en Psicología.

Por su trayectoria académica y mérito profesional, fue distinguido con el premio Konex. En la actualidad preside la Red Iberoamericana de Ecobioética de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Tecnología (Unesco).

En una pausa del congreso que ese organismo especializado desarrolla en Jerusalén, Israel, dialogó con La Voz acerca del abordaje terapéutico que en su opinión deberían recibir los familiares de las víctimas de la tragedia del submarino ARA San Juan.

Sostiene que los profesionales de la salud mental que intervienen no deben transformar a esas personas en víctimas y tienen que ayudarlas para que el sufrimiento provocado por la pérdida trágica no se convierta en odio. Asimismo, pidió a los dirigentes “de uno y otro lado” que eviten hacer un uso político del dolor de los damnificados.

Moty Benyakar es doctor en medicina, psiquiatría y psicología.

Moty Benyakar es doctor en medicina, psiquiatría y psicología.

¿De qué manera debería abordarse terapéuticamente la situación de los familiares de los tripulantes del ARA San Juan?

–Acá hay tres dimensiones que están interrelacionadas. Una es la dimensión de la Justicia, que tiene que ver con todo lo que se debe investigar sobre las causas que provocaron el siniestro. Otra es la de la política, es decir, de qué manera los dirigentes de todos los partidos utilizan esta situación. Y la tercera es de qué modo los damnificados abordan esta situación. Hay que distinguir las diferencias entre damnificados y víctimas. Estas son las personas que fallecieron porque lo que queda de ellas es el recuerdo. Aquellos que están en vida y son familiares de las víctimas son damnificados, en mayor o menor medida. Dicho esto, la labor especial de los terapeutas o de quienes trabajan en el área de la salud mental es no transformar a los damnificados en víctimas.

¿Qué significa transformar a los damnificados en víctimas?

–Que los damnificados se postulen como personas que se ponen como única meta en la vida preservar el recuerdo de los fallecidos. No transformarse en nuevas banderas de lo sucedido porque pierden su propia vida y subjetividad. Esto no quiere decir que tengan que abandonar la lucha para conocer la verdad de lo que sucedió o dejar de lado la memoria de los fallecidos. A veces los profesionales de mi área confunden una cosa con la otra. A los damnificados hay que preservarlos en forma personal, íntima y familiar.

¿Cómo se logra ese propósito?

–Los profesionales que intervengan deben conocer esta temática de manera especial. Y no estoy diciendo que todos deban ser personas que trabajen en esto, sino que hayan profundizado en el tema. Es lo mismo que usted le pida a un médico general que le explique cómo se trata una operación de corazón. La gente que estudió y trabajó en el área conoce un poco más en detalle sobre cómo se trata esta situación de manera especial.

¿El hallazgo del submarino ayudará a los damnificados a transitar el duelo?

–Los duelos se elaboran de distinta manera. Cada familia tiene sus propios rituales, ya sea por la religión, por las costumbres propias o por el lugar que la persona fallecida ocupaba en cada familia damnificada, entre otras cuestiones. Por eso los profesionales de la salud mental deben tratar de no generalizar, sino de relacionarse caso por caso, persona por persona con sus propias características, tanto psicológicas como sociales y del entorno familiar. Lo que hay que evitar es que el sufrimiento de cada uno, que es intenso en todos los casos, se transforme en odio porque eso lo haría sufrir de por vida. Hay que apoyar a los damnificados de manera tal que puedan continuar con su vida cotidiana de la mejor manera posible y sin vivir en duelo permanente. También se debe tener en cuenta que la imposibilidad de enterrar a sus seres queridos o de tomar contacto con los cuerpos de las víctimas, al menos por el momento, tiene importancia.

El Gobierno nacional reconoció que reflotar el navío es prácticamente imposible. ¿Eso incide en la elaboración del duelo?

–El abordaje terapéutico debe tener en cuenta esta situación especial que es diferente de lo que pasó, por ejemplo, con Malvinas y ni hablar con la de los desaparecidos de la dictadura militar. En relación con el reconocimiento del Gobierno nacional, no soy quién para opinar si la posición que tomó es acertada o no, si responde a razones políticas, económicas o técnicas. Sí, como profesional, puedo prevenir a los dirigentes que están de un lado o del otro de que se cuiden de utilizar políticamente el dolor de los damnificados. Sus opiniones y decisiones deben ser objetivas. Lo contrario es muy peligroso.

¿Hay un tiempo estimativo para la elaboración del duelo?

–Esto no se soluciona ni en un mes, ni en dos. El tiempo de ayuda o de seguimiento de contacto profesional que hay que tener con los damnificados lo calculo en un año y medio a dos, como mínimo.

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