“Hoy la ciencia no está en el imaginario del Estado”

Lo más importante
  • El reconocido científico y divulgador Diego Golombek dará una charla este viernes en Córdoba.
  • Hablará sobre ciencia, arte y futuro en Casa Naranja.
  • En esta entrevista adelanta algunos puntos y opina sobre la actualidad del sistema científico.

* Este contenido estuvo inicialmente disponible sólo para nuestros suscriptores. ¡Sumate!

Diego Golombek es un referente de la ciencia argentina no sólo por su trabajo en el laboratorio, sino también por su presencia en los medios de comunicación como divulgador.

Es investigador principal de Conicet y docente de la Universidad Nacional de Quilmes. Su área de trabajo es la cronobiología, los relojes internos que tiene el organismo y cómo su funcionamiento influyen en nuestra calidad de vida.

Como divulgador ha participado en diferentes programas televisivos como Proyecto G (Canal Encuentro). Es columinista del diario La Nación y dirige la colección de libros Ciencia que ladra (Siglo 21 Editores).

Recibió el Premio Nacional de Ciencias Bernardo Houssay, la beca Guggenheim, el Premio Konex en comunicación y el Premio Ciudad Capital del Distrito Federal de México.

Este viernes dará una charla en Córdoba con un título sugerente “Futuros posibles” en el que promete hablar de ciencia, de arte y de futuro. Será en Casa Naranja (La Tablada 451), a las 18, con entrada libre y gratuita.

En esta entrevista adelanta algunos puntos de su charla y habla de la actualidad del sistema científico.

–Hace 30 años empezabas el doctorado. ¿Qué avances actuales de la ciencia pensás que parecían imposibles en aquel momento?

–Los avances tecnológicos nos han permitido ver cosas más pequeñas y mucho más rápido. Todo se ha afinado hasta el punto de poder analizar neuronas únicas. Sin embargo, lo que no deja de asombrarme es la capacidad para incorporar todas estas novedades en la ciencia, pero también en la vida cotidiana. Estas tecnologías exponenciales ahora forman parte de nuestra vida cotidiana como si siempre hubieran estado ahí.

–¿Y en la neurociencia?

–Los avances en neurociencias han sido enormes tanto a nivel molecular como electrofisiológico y también en el área cognitiva. Estamos mucho más cerca que antes de entender cómo funciona el cerebro, cómo siente, entiende y piensa, aunque todavía estamos lejos. Esas son las cosas que más me sorprenderían si hace 30 años me hubieran dicho que se iban a poder conocer.

PROYECTO G. El programa "Proyecto G", de canal Encuentro, fue conducido por Golombek.

PROYECTO G. El programa "Proyecto G", de canal Encuentro, fue conducido por Golombek.

–¿Coincidís en que durante estos 30 años el distanciamiento entre las ciencias y las artes y humanidades se ha ampliado?

–Hay una idea de que existen dos culturas: las ciencias y las artes y humanidades, y que son irreconciliables. Es un concepto muy tajante, aunque está claro que en el siglo XIX una persona instruida podía tener idea de por dónde andaba la ciencia, porque conocía la teoría de Darwin y la termodinámica. Hoy es imposible que eso ocurra y no sólo para una persona común. A veces dentro de las ciencias, si uno se corre un poco de la disciplina, se puede marear con lo que lee. Es lógico por la hiperespecialización de cada disciplina y la tecnología que se usa para investigar. Pero no es lógico que estemos tan ajenos a las preguntas que se está haciendo la ciencia hoy.

La gente debería saber por dónde va la cabeza de un físico, de un cosmólogo o de un geólogo. Esto no ocurre porque hay fallas en el sistema científico y también en la comunicación científica.

–¿En qué medida el arte y la ciencia se pueden acercar?

–Las artes contemporáneas se han acercado a la tecnología de una forma inédita. Las artes clásicas requerían de la ciencia y de la técnica para conseguir nuevos pigmentos, en el caso de un pintor; o un escritor se asesoraba por un científico para darle credibilidad a la trama. Pero, en este momento, la interacción es más fluida. La tecnología se ha colado en las obras de arte. El fenómeno de la percepción es aprovechado por los artistas. En la música, el vínculo con las matemáticas es más profundo hoy.

–¿Pueden las neurociencias explicar el fenómeno estético, tanto su creación como el goce que siente un espectador al ver o al leer una obra?

–Hay una subdisciplina de la neurociencia que estudia el fenómeno artístico. El fenómeno es tan complejo que pienso que nunca va a poder ser abarcado completamente. Sin embargo, se puede estudiar desde la neurofisiología lo que ocurre cuando un compositor juega con tus expectativas. También se estudia el movimiento de los ojos durante la contemplación de una obra de arte. También se estudian las reacciones de los espectadores ante un espectáculo en vivo. El público lleva puesto sensores para medir la frecuencia cardíaca y otras variables. Lo interesante es que todas estas experiencias científicas pasan a ser parte del hecho artístico. Entonces, arte y ciencia son un solo fenómeno.

–El tema científico del momento es el ajuste que ha hecho el Gobierno nacional. ¿Qué tan grave es el problema para los investigadores?

–Se mezclan dos fenómenos. Por un lado, hay una tendencia mundial a esta búsqueda exagerada de las aplicaciones y de la innovación. Cualquier científico que hables, te va a decir, y Argentina ha caído en este juego. Además, en el ámbito local hay un cambio cultural muy importante. La ciencia ocupaba un lugar muy preponderante dentro de una noción de Estado. Y no había sido un logro de los científicos, sino de política pública que se vio reflejada en una mejora en el financiamiento y en más científicos en el sistema. Ahora se ha perdido esta idea de que la ciencia debe formar parte del Estado.

Seguimos teniendo un sistema científico, pero ahora con problemas graves de financiamiento, solucionable en el fondo. El problema es el cambio de cultura porque es más profundo. Hoy la ciencia no está en el imaginario del Estado.